Los Rayos y las Iniciaciones - La Gran Renunciación o Crucifixión

      


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SEGUNDA PARTE - SECCION SEGUNDA

EL ASPIRANTE Y LAS INICIACIONES MAYORES

LA CUARTA INICIACIÓN - LA GRAN RENUNCIACIÓN O CRUCIFIXIÓN

 

     Esta Iniciación de la Renunciación (denominada "La Crucifixión" por los creyentes cristianos) es tan familiar para la mayoría de la gente, que me veo en dificultades para decir algo que llame la atención y así contrarrestar la familiaridad que necesariamente disminuye la importancia del tema en su conciencia. La idea de la crucifixión está asociada en su mente con la muerte y la tortura, sin embargo ninguno de estos conceptos subyace en el verdadero significado. Consideraremos algunas de las significaciones vinculadas con esta cuarta iniciación.

     [e567] El signo de la Cruz -asociado en el mundo occidental con esta iniciación y con la fe cristiana- es, en realidad, un símbolo cósmico, que antedata mucho a la era cristiana, uno de los signos principales que se encuentran en la conciencia de Esos seres avanzados, que desde el distante sol Sirio, sede de la verdadera Gran Logia Blanca, vigilan los destinos de nuestro sistema solar y prestan una atención particular (y por qué lo hacen no ha sido aún revelado) a nuestro relativamente pequeño, y aparentemente sin importancia, planeta Tierra.

     La palabra "crucifixión" deriva de dos palabras latinas que significan "fijar sobre una cruz". (He pedido a A.A.B. que consulte esta palabra en el diccionario, a fin de asegurar [i693] su significado). La cruz a la cual se hace referencia, en relación con esta iniciación particular, es la Cruz Cardinal de los cielos. El discípulo se traslada a esta cruz, en la cuarta iniciación, desde la Cruz Fija de los cielos. Sobre esta cruz fija ha estado crucificado desde el momento en que entró en el sendero de probación y pasó al sendero del discipulado. En ese sendero -habiendo trascendido el mundo de los fenómenos y establecido un contacto ininterrumpido con la mónada, vía el antakarana- el discípulo renuncia a la Cruz Mutable de la existencia en los tres mundos (el mundo de las apariencias) y, después de cierto período, se transfiere a la Cruz Fija, erigida en el mundo de los significados, donde aprende constantemente a vivir. Esto abarca el período de las tres primeras iniciaciones. Ahora, habiéndose liberado, mediante la renunciación, no necesita someterse a las pruebas, experiencias y dificultades, que inevitablemente implica la crucifixión en la Cruz Fija; entonces puede ocupar su lugar sobre la cruz cardinal, con todas sus implicaciones y oportunidades cósmicas, que le son conferidas. Esto -en lo que al individuo concierne- es necesariamente simbólico y figurativo en su enseñanza. Sin embargo, en lo que se refiere al Hombre celestial, la aplicación no es simbólica. Es mucho más real. Desde el ángulo de los supremos Maestros en Sirio, nuestro Logos planetario, Sanat Kumara, sigue estando sobre la Cruz Fija; ascendió a la Cruz Mutable en el primer sistema solar; la Cruz Fija Lo mantiene aún "fijo en Su Lugar" en este sistema solar; en el siguiente sistema solar Se transferirá a la Cruz Cardinal y de "allí volverá a ese Lugar Elevado de donde vino", Podrán ver, por lo tanto, por qué pongo énfasis sobre el hecho de que estas tres cruces son simplemente símbolos de experiencia, en relación con el discípulo individual. Consideremos esto un poco más profundamente.

1. La Cruz Mutable rige a los tres mundos y al plano astral en particular. Sobre esta cruz el hombre común está "crucificado" [e568] hasta adquirir la experiencia necesaria y se reorienta conscientemente hacia otra fase de desenvolvimiento. [i694]

2. La Cruz Fija rige los cinco mundos del desarrollo humano y condiciona las experiencias de todos los discípulos. Por medio de la disciplina y las experiencias así obtenidas, mientras está sobre dicha cruz, el discípulo pasa de una renunciación a otra, hasta que logra la completa libertad y liberación.

3. La Cruz Cardinal rige al Maestro cuando pasa por las restantes cinco iniciaciones; la cuarta iniciación, curiosamente, no está regida por la Cruz Fija ni por la Cruz Cardinal. El discípulo desciende de la Cruz Fija y trata de ascender a la Cruz Cardinal y está regido prácticamente por este período de transición y experiencia. En consecuencia podría observarse que son tres las iniciaciones que prueban al discípulo, respecto al conocimiento y experiencia: la primera, la segunda y la tercera; luego viene una iniciación de transición, seguida por cinco iniciaciones que el Maestro pasa en la Cruz Cardinal.

     Debe recordarse que la naturaleza distintiva del hombre sobre la Cruz Mutable es la de la autoconciencia, que el discípulo sobre la Cruz Fija va siendo rápidamente consciente del grupo, cuando las experiencias soportadas han sido correctamente asimiladas, y que sobre la Cruz Cardinal el Maestro se caracteriza por una conciencia universal que pasa finalmente a la conciencia cósmica -un estado del ser, desconocido por ustedes, aún en los vuelos más descabellados de la imaginación. El primer indicio del crecimiento de la conciencia cósmica le llega cuando pasa por la sexta Iniciación de la Decisión. Entonces determina (por medio de Su voluntad iluminada y no de Su mente) cuál de los siete senderos decidirá seguir. A partir de ese momento, la conciencia de la vida mayor que engloba a nuestro Logos planetario, como Él engloba a la humanidad dentro de Su conciencia, controla acrecentadamente la actitud, la percepción y las actividades del Maestro.

     Por lo tanto, pueden ver que la Iniciación de la Crucifixión (de la cual el mundo cristiano se ha apropiado) es mucho más vasta en sus implicaciones de lo que sospechan los estudiantes. [i695] Sin embargo, esta apropiación fue intencional, de acuerdo al Plan divino de la Jerarquía, porque siempre algún gran Instructor -por Su vida y enseñanza- llamará la atención sobre alguna iniciación particular. Buda, por ejemplo, en Sus Cuatro Nobles Verdades, enunció en realidad la plataforma sobre la cual se sitúa el iniciado que ha recibido la tercera iniciación, no deseando nada para su naturaleza personal, liberándose de los tres mundos. Cristo representó para nosotros la cuarta iniciación, y puso el énfasis sobre [e569] esa iniciación con su tremenda transición desde la Cruz Fija al Monte de la Ascensión, símbolo de la transición por medio de la iniciación.

     La Iniciación de la Crucifixión tiene un rasgo instructivo sobresaliente, conservado para nosotros en el nombre dado frecuentemente a la cuarta iniciación: La Gran Renunciación. Una enorme experiencia es concedida al iniciado en este momento; comprende (porque ve y sabe) que el antakarana ha sido exitosamente completado y que allí hay una línea directa de energía desde la Triada espiritual hasta su mente y cerebro, vía el antakarana. Esto pone en el primer plano de su conciencia, el reconocimiento repentino y asombroso de que el alma misma, el cuerpo egoico en su propio nivel, y lo que durante edades ha sido la supuesta fuente de su existencia, su guía y mentor, ya no es necesario; como personalidad fusionada con el alma tiene ahora relación directa con la mónada. Se siente despojado e inclinado a exclamar -como lo hizo el Maestro Jesús- ¿"Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?" Pero hace la renunciación necesaria y el cuerpo causal, el cuerpo del alma, es abandonado y desaparece. Ésta es la renunciación culminante y el máximo gesto de edades de pequeñas renunciaciones; la renunciación marca la carrera de todos los aspirantes y discípulos -la renunciación, conscientemente enfrentada, comprendida y realizada.

     Anteriormente he insinuado que la cuarta Iniciación de la Renunciación, está estrechamente vinculada a la sexta y la novena iniciaciones. La sexta es posible sólo cuando el iniciado ha hecho definidamente las renunciaciones necesarias; la recompensa consiste en permitirle hacer una [i696] elección totalmente libre y así demostrar su libertad esencial adquirida. La novena iniciación (la de la Negación) no tiene en sí ningún elemento de renunciación. No es negación a la posesión, porque el iniciado se halla en una etapa en que no pide ni retiene nada para el yo separado. En esta iniciación planetaria final, el Maestro es enfrentado con lo que podría llamarse mal cósmico, con ese depósito de mal que cíclicamente inunda al mundo, y también con el grupo masivo de Maestros de la Logia Negra, negándose a reconocerlo. De esto me ocuparé más adelante cuando trate de esa iniciación particular.

     En relación con la Iniciación de la Renunciación, hay algunas analogías muy interesantes que arrojan una brillante e iluminadora luz sobre su significado. En cierta medida las conocen por haber tratado, en escritos anteriores, el significado del cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto y del cuarto reino, el humano; sin embargo, este propósito puede ser útil si reúno algunas de ellas y demuestro que la Iniciación de la Renunciación es de [e570] suprema importancia para la humanidad y para el iniciado individual que lógicamente es un miembro del cuarto reino. Ante todo, este gran acto de renunciación, señala el momento en que el discípulo no posee nada relacionado con los tres mundos de la evolución humana. Su contacto con esos mundos en el futuro será puramente voluntario y para propósitos de servicio. Prefiero la palabra "renunciación" a la palabra "crucifixión", porque ésta última destaca simplemente el sufrimiento soportado por el iniciado cuando renuncia a todo aquello que es de naturaleza material y se convierte en un miembro permanente, que no fluctúa (si puedo usar tal término) y es inmutable en el quinto reino de la naturaleza, el reino de Dios, que nosotros denominamos Jerarquía. No olviden que los tres mundos de la evolución común constituyen los subplanos físico densos del plano físico cósmico.

     La crucifixión encierra el concepto de sufrimiento físico extremo, en forma prolongada; sus últimas "tres horas", de acuerdo con el relato bíblico, tipifican los tres planos de [i697] nuestra evolución. El discípulo renuncia a los tres planos, por lo tanto es crucificado en los tres planos. Esto significa el fin de una vida, y desde el ángulo cósmico, el fin de la vida de la personalidad del alma, durante muchas encarnaciones. Si la afirmación de que el sentido del tiempo es la respuesta del cerebro a una sucesión de estados de conciencia o acontecimientos, y si además es verdad que (para el alma) no existe tal factor en la conciencia como tiempo, sino que sólo es conocido el Eterno Ahora, entonces los tres mundos del ser encarnado constituyen una unidad de experiencia en la vida del alma, experiencia que finaliza con la crucifixión, porque el alma en encarnación, por el empleo de la voluntad sostenida, definitiva y conscientemente, renuncia a todo y vuelve la espalda finalmente y por siempre, al mundo material. Así ha dominado el empleo de todos los métodos en los tres mundos de experimento, experiencia y expresión (para emplear tres términos con los cuales los he familiarizado en mis otros libros), y ahora queda liberado.

     Todo iniciado que hace esta renunciación y soporta la consiguiente crucifixión, está en situación de decir, como lo dijo el primero de nuestra humanidad "Yo, si fuera elevado, atraeré a todos los hombres hacia Mí". Así habló Cristo. El iniciado es ascendido, por su renunciamiento -hecho por medio de la "sangre del corazón"- al mundo de los fenómenos materiales, pues se ha liberado de todo deseo e interés por los mismos, y de cualquier aferramiento que aún pudieran tener sobre él. Ha logrado desapegarse totalmente. Es interesante observar que el Maestro Jesús pasó por la iniciación de la renunciación, mientras que al mismo [e571] tiempo Cristo era elevado a la séptima o Iniciación de la Resurrección. Así, los dos relatos de estos dos grandes discípulos son paralelos -uno sirviendo tan obedientemente a lo Mayor, y Cristo sometiendo Su voluntad a la de Su Padre, en los Cielos.

     Esta iniciación es, en consecuencia, en sentido excepcional, una experiencia culminante y la entrada en una nueva vida, para la cual todo el pasado ha sido una preparación. Después de la novena iniciación, la Iniciación de la Negación, viene una repetición cósmica de la experiencia de la Renunciación, esta vez [i698] exenta del aspecto de la crucifixión; el iniciado, en ese gran momento, renuncia o se niega a establecer contacto con el plano físico cósmico, en sus siete niveles de percepción, a no ser que haya elegido (en la sexta Iniciación de la Decisión) el Sendero del Servicio Mundial.

     Durante la experiencia del proceso iniciático, en sus primeras tres fases, el iniciado rechaza el control de las energías asentadas en los tres centros situados abajo del diafragma; rehúsa utilizarlas para fines egoístas o de la personalidad. El centro en la base de la columna vertebral ha recibido y distribuido la energía de la autovoluntad (la voluntad del yo inferior), y queda vacío y preparado para la recepción dinámica de la voluntad superior que -empleando el canal de la columna vertebral como senda, o el símbolo del antakarana- afluirá a dicho centro, desde aquél más elevado de la cabeza. El centro sacro, que ha recibido y distribuido la energía, nutriendo los apetitos físicos, a un grado mucho mayor de lo que se comprende en la actualidad, está también bajo control -control que se relaciona con la debida y normal dirección desde el centro laringeo, y con la conservación de la vida en el plano físico, si el iniciado elige encarnar para fines de servicio. El centro plexo solar, que ha recibido y distribuido la energía del plano astral, la del deseo y la emoción, queda igualmente limpio y purificado; su energía es trasmutada en tal grado, que puede ser totalmente controlada por el centro cardíaco que, desde ese momento, hasta la séptima Iniciación de la Resurrección, es "aquel por cuyo intermedio el iniciado desempeña sus obligaciones jerárquicas". Por lo tanto, en la Gran Renunciación, los tres centros inferiores alcanzan un estado de completa purificación o -hablando simbólicamente- de vacío total. No queda ninguna energía propia (relacionada con el milenario pasado egoísta); son simplemente receptáculos puros para las energías de los tres centros superiores. Los tres centros inferiores están relacionados con los tres mundos de la evolución de la personalidad, los tres superiores con el trabajo y la vida jerárquica, siendo controlados por el iniciado -control que se va perfeccionando acrecentadamente hasta la [e572] séptima Iniciación de la Resurrección. En esa importante [i699] resurrección ya no prestan servicio; el Maestro no necesita centros de energía, y Su conciencia es trascendida y se trasforma en un tipo de percepción, desconocida por quienes no han experimentado esas iniciaciones. Si elige tomar un vehículo físico (como muchos lo harán cuando Cristo reaparezca y la Jerarquía se exteriorice en la Tierra), el Maestro "actuará de lo superior a lo inferior" y no (como sucede hoy con los discípulos, aunque lógicamente no con los Maestros) de lo inferior a lo superior". Cito antiguas frases que existen en los archivos de la Jerarquía. Por lo tanto, no necesitarán ningún centro en los niveles etéricos de nuestro plano físico planetario.

     En la cuarta iniciación, el iniciado empezará a funcionar totalmente y siempre en el cuarto plano, los niveles búdicos del plano físico cósmico -nuestro plano intuitivo. Esto es así, aunque ustedes cuenten de abajo arriba o de arriba abajo. He aquí nuevamente un indicio de la posición central de esta iniciación y de su importancia, siendo precedida y seguida por tres iniciaciones, que conducen a la séptima o iniciación planetaria final, porque las restantes dos iniciaciones no están fundamentalmente relacionadas de ninguna manera con nuestra Vida planetaria. Debido a esta transición permanente del "foco viviente" del iniciado -elevado fuera de los tres mundos y llevado al plano búdico- el concepto de la resurrección se ha deslizado en la enseñanza cristiana, de manera que a la Iniciación de la Crucifixión se la representa como precediendo a la Iniciación de la Resurrección; éste no es en realidad el caso, excepto en un grado menor y como símbolo de la experiencia futura.

     Del mismo modo, el concepto del sacrificio ha compenetrado toda la enseñanza acerca de la Crucifixión o la Iniciación de la Renunciación, tanto en Oriente como en Occidente. Ésta es una idea del sacrificio, asociada a los conceptos dolor, agonía, sufrimiento, paciencia, prolongación y muerte. Sin embargo, la verdadera raíz de la palabra sigue siendo la misma y contiene el verdadero significado: "Sacro", sagrado, eso es lo que en verdad sucede al iniciado; es "hecho sacro"; es "apartado" [i700] para el desarrollo espiritual y el servicio. Es apartado de lo natural, material, trasmitido, destructivo, obstaculizador, y de lo que traba y disminuye la debida actividad para lograr lo nuevo. Aprende a definir la Plenitud, que es su derecho y prerrogativa divinos.

     La belleza de la interpretación de esta iniciación y la recompensa para quienes tratan de penetrar en su verdadero significado y significación, son inexpresables; sin embargo, requiere la enseñanza de Occidente y de Oriente para llegar a la verdadera [e573] comprensión de la experiencia. Se evidencia que debe romperse totalmente con la antigua vida en los tres mundos de la experiencia, que ha caracterizado el trabajo del alma durante tanto tiempo. Esto significa la muerte en su forma más real y útil; toda muerte, como sucede hoy en el plano físico, es por lo tanto de naturaleza simbólica, y marca el momento en que el alma finalmente "muere" para todo lo material y físico, así como el ser humano muere para todo contacto en los tres mundos, antes de volver a reasumir la vida encarnada.

     En el plano búdico o intuitivo (el cuarto nivel del plano físico cósmico) la naturaleza de la mente -aún la de la mente superior o el nivel del pensamiento abstracto- pierde su control sobre el iniciado, y de allí en adelante sólo es útil para prestar servicio. Entonces tiene lugar la intuición, la razón pura, el total conocimiento iluminado por el propósito amoroso de la Mente divina -para mencionar algunos de los nombres de este cuarto nivel de percepción o de sensibilidad espiritual- y el iniciado vive de allí en adelante en la luz del conocimiento correcto o directo, expresándose en sabiduría en todos los asuntos -a ello se debe los títulos de Maestro de Sabiduría o Señor de Compasión, dados a Quienes han pasado la cuarta y la quinta iniciaciones, recibiéndolas muy cerca una de la otra. El Maestro actúa desde el nivel búdico de percepción, en él vive Su vida, emprende Su servicio y desarrolla el Plan en los tres mundos, para los cuatro reinos de la naturaleza. Esto no se debe olvidar. Recuérdese también que el logro del enfoque y la obtención de la liberación [i701] no son el resultado de una ceremonia simbólica, sino de vidas de sufrimiento, de renunciaciones menores y de experiencia consciente. Esta experiencia que conduce a la cuarta iniciación es una empresa definidamente planificada, obtenida a medida que es gradualmente conferida la verdadera visión, presentido el Plan divino y se colabora con ese Plan, y la aspiración inteligente reemplaza a los vagos anhelos y esfuerzos esporádicos "por ser bueno", como normalmente lo expresan los aspirantes.

     En consecuencia se evidenciará por qué esta cuarta iniciación está regida por el cuarto Rayo de Armonía a través del Conflicto. La armonización de los centros inferiores con el superior, la armonización o el establecimiento de rectas relaciones entre los tres mundos de la evolución humana y el plano búdico, la relación gradualmente creada sucesivamente por cada iniciación entre la humanidad y la Jerarquía, más el servicio prestado para establecer rectas relaciones entre los hombres -son algunos de los resultados que ustedes ahora pueden captar teóricamente; algún día los captarán en forma práctica y sustancial, por propia [e574] experiencia. Con esta energía de rayo trabaja el iniciado cuando hace la Gran Renunciación, y por ello es transferido a la Cruz Cardinal de los Cielos. Ésta energía le permite vivir en el Eterno Ahora y renunciar a las ataduras del tiempo. A través de toda la experiencia lucha contra lo material; de acuerdo a la ley de nuestro planeta (y si sólo lo supieran, de acuerdo a la ley de nuestro sistema solar) nada se logra excepto por la lucha y el conflicto -lucha y conflicto asociados en nuestro planeta con el dolor y el sufrimiento, pero exento del sufrimiento después de la cuarta iniciación. Puede notarse aquí un indicio respecto al propósito, para el cual existe nuestro pequeño planeta, y su posición excepcional en el esquema de las cosas.

     Como he mencionado anteriormente, el iniciado trabaja de "arriba abajo". Esto es sólo un modo simbólico de hablar. Al igual que su gran Maestro, el Cristo, cuando trata de servir a la humanidad, "desciende al infierno", el infierno del materialismo y de la vida del plano físico, y allí trabaja para la continuación del Plan. Leemos en la enseñanza [i702] cristiana que "Cristo descendió al infierno y enseñó durante tres días a los espíritus prisioneros". Esto significa que Cristo trabajó con la humanidad en los tres mundos (pues el tiempo y el proceso de los acontecimientos son considerados por los filósofos como sinonimias) durante un breve período de tiempo, pero fue llamado (teniendo en cuenta Su excepcional tarea de personificar el principio amor de la divinidad por primera vez en la historia del mundo), a ser el Guía de la Jerarquía.

     El mismo concepto de trabajar en los tres mundos de la existencia del plano físico (en sentido cósmico) está representado en la frase del Nuevo Testamento que dice: "el velo del templo fue rasgado en dos de arriba abajo". Este velo, hablando simbólicamente, divide a la humanidad o le impide la participación en el reino de Dios. Fue rasgado por Cristo -un servicio excepcional que prestó tanto a la humanidad como a la Jerarquía espiritual; facilitó una comunicación más rápida entre esos dos grandes centros de la vida divina.

     Les pediría que mediten sobre la Iniciación de la Renunciación, recordando siempre en su vida diaria, que este proceso de renunciación, que implica la crucifixión del yo inferior, es sólo posible si se practica el desapego todos los días. La palabra "desapego" es sólo un término oriental para nuestra palabra "renunciación". Es el empleo práctico de la información que he dado aquí. También quisiera (por extraño que parezca) que se acostumbren a la crucifixión, a sufrir con desapego, sabiendo que el alma no sufre en absoluto, y que no habrá dolor ni agonía para el Maestro [e575] que haya alcanzado la liberación. Todos y cada uno de los Maestros han renunciado a lo material; han sido elevados de los tres mundos por Su propio esfuerzo; Se han desprendido de todos los impedimentos; han dejado atrás el infierno, y el término "espíritu aprisionado" ya no es aplicable a Ellos. Esto no lo han logrado con propósitos egoístas. En los primeros días del sendero de probación, la aspiración egoísta predomina en la conciencia [i703] del aspirante, sin embargo, a medida que huella ese sendero y también el del discipulado, abandona todos esos móviles (una renunciación menor), y su única meta, al buscar la liberación y la libertad en los tres mundos, consiste en ayudar y socorrer a la humanidad. Tal dedicación al servicio es la marca de la Jerarquía.

     Podrán ver, por lo tanto, que Buda preparó el camino para la Iniciación de la Renunciación o de la Crucifixión, por Su enseñanza y Su énfasis sobre el desapego. Reflexionen sobre estas cosas y estudien la gran continuidad de esfuerzo y colaboración que caracteriza a los Miembros de la Jerarquía espiritual.

     Mi plegaria y deseo es que visualicen con claridad la meta y que la "fortaleza de su corazón" sea adecuada a la empresa.


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