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[e53][i54] EL sicólogo oriental parte
de lo que el occidental considera hipotético. El primero concede la máxima
importancia a la naturaleza espiritual del hombre; cree que la naturaleza
física es el resultado de la actividad espiritual; sostiene que todo lo
visto objetivamente no es más que la manifestación externa de energías
internas subjetivas; considera que toda la mecánica del Cosmos y del
hombre son efectos, y cree que el científico tan sólo se ocupa de los
efectos. Su posición puede ser resumida como:
- Primero: No hay nada más que energía, funcionando
por medio de una sustancia que compenetra y activa todas las formas, y
es análoga al éter del mundo moderno. La materia es energía o espíritu
en su forma más densa; el espíritu es materia en su aspecto más
sublimado.
- Segundo: Todas las formas están compenetradas por
este éter, las cuales poseen una forma o cuerpo etérico.
- Tercero: Así como el minúsculo átomo tiene un
núcleo o núcleos, positivos, y aspectos negativos, también todo cuerpo
etérico posee centros positivos de fuerza, en medio de sustancias
negativas. El ser humano tiene también un cuerpo etérico, positivo
respecto al cuerpo físico negativo, al cual energetiza para que [i55] entre en actividad;
actúa como fuerza coherente, manteniéndolo en existencia.
- Cuarto: El cuerpo etérico del hombre posee siete
núcleos principales de energía, a través de los cuales afluyen diversos
tipos de energía que producen su actividad síquica. Estos [e54] núcleos están
relacionados con el sistema cerebro espinal; la base de esta actividad
síquica, o sede de la naturaleza del alma, está situada en la cabeza. El
principio regente se halla, por lo tanto, en la cabeza, y desde este
centro debe ser dirigido y energetizado todo el mecanismo, valiéndose de
los otros seis centros de fuerza.
- Quinto: Actualmente sólo funcionan determinados
centros en el hombre y el resto está pasivo. Todos los centros están
plenamente activos en el ser humano perfecto, y producen un
desenvolvimiento síquico y un mecanismo perfectos.
La importancia que el
oriental da a la energía espiritual y el occidental a la estructura o
mecanismo, explican totalmente la naturaleza síquica del hombre en su
aspecto superior e inferior.
Para unir la concepción
oriental o vitalista y la occidental o mecanicista, tendiendo un puente
entre ambas, es necesario establecer la realidad de la existencia del
cuerpo etérico.
El sistema oriental es
abstruso e intrincado, y desafía todo resumen. Sin embargo, es necesario
una breve introducción, dándose por lo tanto, el siguiente delineamiento.
Es incompleto, pero proporciona una perspectiva [i56] inteligible del campo, y
por breve que sea servirá su propósito.
Al dar este
delineamiento haremos afirmaciones positivas, en lugar de repetir
continuamente que "la psicología oriental cree", o que "los orientales
declaran", o expresiones parecidas. Baste reconocer, de una vez por todas,
que a la mente occidental debe presentársele como hipótesis, para
someterla a pruebas y ver si puede ser o no corroborada.
Después de esta
introducción, delinearemos la teoría oriental.
Existe una sustancia
universal, fuente de todo, pero tan sublimada y sutil que está realmente
más allá del alcance de la inteligencia humana. Comparada con ella, la
fragancia más delicada, los danzantes y radiantes rayos solares, la gloria
carmesí de la puesta del sol, son burdos y terrenos. Es una "red de luz"
siempre invisible para el ojo humano.
[e55] La palabra clave "sustancia", que sugiere materialidad, es
inapropiada. Sin embargo, es útil reducir esta palabra a sus raíces
latinas: "sub" debajo, y "sto" permanecer. De manera que sustancia es lo
que está debajo o subyacente.
Aunque esta sustancia
universal es sutil y fugaz, en otro sentido es aún más densa que la
materia misma. Si pudiéramos concebir un agente fuera de la sustancia
universal (hipótesis contraria a todo hecho y posibilidad), y que tal
agente externo intentara comprimir la sustancia universal o, de algún
[i57] modo, afectarla
desde afuera, se vería, entonces, que la sustancia es más densa que todo
material conocido.
Inherente a la sustancia
y a su perpetua contraparte, se halla la vida, la vida incesante. Vida y
sustancia son una y la misma; una, y por siempre inseparables, aunque
constituyen diferentes aspectos de la realidad una. La vida como
electricidad es positiva, la sustancia como electricidad es negativa. La
vida es dinámica, la sustancia es estática. La vida es activa o espíritu,
la sustancia es forma o materia. La vida es el padre y engendra; la
sustancia es la madre y concibe.
Además de estos dos
aspectos de la vida y la sustancia, hay un tercero. La vida es actividad
teórica o potencial, y necesita un campo para actuar. La sustancia lo
proporciona, y en la unión de vida y sustancia flamea la energía
activa.
Tenemos así una sola
realidad, la sustancia universal -pero al mismo tiempo una dualidad
coexistente; vida y sustancia y al mismo tiempo una coexistente trinidad,
vida, sustancia y la resultante interacción llamada conciencia o alma.
Todo el mundo
manifestado surge de la energía (y de los cofactores sustancia y
conciencia). Todo cuanto se ve, desde el minúsculo grano de arena a la más
amplia extensión del cielo estrellado, desde un salvaje africano hasta un
Buda o un Cristo, todo es expresión de energía. La materia es energía en
su forma más densa o inferior; el espíritu es esta misma energía en su
forma más elevada o sutil. Así pues, materia es espíritu [e56] descendente y degradado;
espíritu, por el contrario, es materia ascendente y glorificada.
[i58] Al adquirir densidad, la energía adquiere o desciende siete
grados o planos. El hombre manifiesta tres. Posee su cuerpo físico, su
mecanismo emocional y su cuerpo mental, funcionando por lo tanto en tres
planos, o está despierto en tres, el físico, el emocional y el mental.
Está a punto de reconocer un cuarto y más elevado factor, el alma, el yo,
a cuya realidad pronto despertará. Los tres planos superiores, no
requieren comentarios en esta exposición elemental.
Además de estos siete
planos, cada plano tiene siete subplanos. Analizaremos tan sólo los siete
subplanos del físico o inferior.
Todos los colegiales
conocen tres subplanos de lo físico, o los estados sólido, líquido y
gaseoso; por ejemplo, el hielo, el agua y el vapor. Existen cuatro planos
más sutiles, o más bien, cuatro tipos diferentes de éter. Estos cuatro
coexisten con cada uno de los tres subplanos conocidos, y los
compenetran.
El cuerpo físico del
hombre no es una excepción. Tiene también su contraparte etérica, su
cuerpo etérico, el cual es positivo, mientras que el cuerpo físico denso
es negativo. El cuerpo etérico es el factor cohesivo, y mantiene al cuerpo
físico vivo y en existencia.
La contraparte etérica
del hombre o de cualquier cosa física, es de sustancia, de vida y energía
universales. Participa de todo, pero no se basta a sí misma, ni existe
independientemente. Se nutre de la reserva [i59] de energía universal; en
donde la contraparte etérica vive, se mueve y tiene su ser. La energía
actúa así por medio del etérico. Esto atañe al hombre también. La energía
universal funciona por medio de su cuerpo etérico. Así como el hombre
existe en siete planos, también el cuerpo etérico tiene siete puntos de
contacto con la energía -pero como únicamente hay tres planos activos y
cuatro dormidos, sólo se han desarrollado tres centros de fuerza, y cuatro
están aún sin desarrollar. Esto se tratará más adelante.
[e57] Al procurar armonizar las dos escuelas, surge
lógicamente la pregunta: ¿Corrobora la ciencia occidental, la teoría
oriental?
Nada menos que un hombre
de ciencia como Sir Isaac Newton, aceptaba sin vacilar el medio universal
del éter. En el último párrafo de su Principia, dice (1):
"Ahora podemos agregar algo concerniente a cierto
espíritu muy sutil que compenetra y está oculto en todos los cuerpos
burdos. Por la fuerza y la acción de ese espíritu, las partículas de los
cuerpos se atraen unas a otras si están cerca, y se adhieren si están
contiguas. Los cuerpos eléctricos operan a mayores distancias, tanto al
atraer como al repeler los circundantes corpúsculos, y la luz es
emitida, reflejada, refractada, desviada y da calor a los cuerpos; toda
sensación es excitada y los miembros de los cuerpos animales se rigen
por mandato de la voluntad, o por las vibraciones de este espíritu,
propagadas mutuamente por los sistemas sólidos de los nervios, desde los
órganos externos sensorios al cerebro y desde el cerebro a los músculos.
Pero estas cosas no se pueden explicar en pocas palabras, ni tenemos el
suficiente acopio de experimentos para una determinación precisa y una
[i60] demostración de
las leyes, por las cuales actúa este espíritu eléctrico y
elástico."
Así, por lo antedicho,
puede argüirse que Newton reconocía la realidad del cuerpo etérico,
subyacente en todas las formas, incluso la humana.
Como Newton no es de
este siglo ni del último, volvamos a una reciente edición de Encyclopedia
Britannica (2), donde dice sobre el "éter" que:
"Se ha debatido con frecuencia la cuestión de si el
espacio es una mera abstracción geométrica, o si tiene propiedades
físicas definidas, que puedan ser investigadas. Respecto a las partes
que están ocupadas por la materia, es decir, por una sustancia atrayente
para los sentidos, nunca hubo duda alguna, y puede decirse que toda la
ciencia es una investigación de las propiedades de la materia. Pero de
vez en cuando se ha dirigido la atención a las porciones que intervienen
en el espacio, de las que está ausente la [e58] materia sensible, y
éstas también tienen propiedades físicas de las que no se ha hecho una
investigación completa.
"Estas propiedades físicas no atraen directamente a
los sentidos, siendo, por consiguiente, relativamente oscuras. Pero no
hay, duda alguna de su existencia, ni aún entre aquellos que prefieren
emplear el término espacio. Un espacio dotado de propiedades físicas es
más que una abstracción geométrica, y se lo concibe más convenientemente
como una realidad sustancial, a la cual otro nombre le sería apropiado.
El término empleado no tiene importancia; hace mucho tiempo que se
inventó el término éter, adoptado por Isaac Newton, y que puede
servirnos a nosotros. El término éter [i61] significa una genuina
entidad que llena todo el espacio, sin solución de continuidad ni
cavidad alguna; es la única realidad física omnipresente, y hay
creciente tendencia a considerar que todo está constituido por ella en
el universo material, siendo la materia misma, con toda probabilidad,
una de sus modificaciones...
"El éter es así necesario para el propósito de
trasmitir lo que se llama fuerza de gravedad entre una porción de
materia y otra, y para el propósito más importante y universal de
trasmitir ondas de radiación entre una porción de materia y otra, por
pequeñas que sean y distantes que estén...
"Las propiedades del éter, probablemente no puedan
expresarse en términos de materia; por carecer de un indicio mejor,
debemos proceder por analogía, y hacer una apología de la elasticidad y
de la densidad del éter, como representando cosas a las que, si se
tratara de materia, le adjudicaríamos esos nombres. Aún no hemos
investigado lo que en realidad esos términos expresan; pero si la
materia atómica tal como ahora se la considera probable, es una
estructura del éter, hay toda clase de razones para decir que el éter,
en algún sentido, debe ser mucho más denso que cualquier sustancia
material conocida...
"La estructura de la materia puede compararse a una
gasa muy sutil que subsiste en un medio sustancial..."
Otros científicos
destacados amplían estos puntos de vista. En el siglo XVII, ya lo dijo
Henry More, el platónico de Cambridge, citado por el Dr. Edwin A. Burt
(3):
"De ahí que pregunte si es indigno de un filósofo
preguntar a otro, si hay en la naturaleza una sustancia incorpórea, que
a [e59] la vez que pueda imprimir sobre un cuerpo cualquiera todas
las cualidades corpóreas, o por lo menos la mayoría [i62] de ellas, tales como
movimiento, apariencia, ubicación de las partes, etc..., fuera además
capaz, ya que es casi seguro que esta sustancia desplaza y detiene a los
cuerpos, de agregar todo lo que va implicado en tal movimiento, es
decir, unir, dividir, dispersar, ligar, formar las pequeñas partes,
ordenar las formas, poner en movimiento circular todo lo que está
dispuesto para ello, o moverlo en cualquier sentido, detener su
movimiento circular, y hacer además otras cosas similares necesarias
para producir, de acuerdo con los principios, la luz, los colores y los
otros objetos de los sentidos... Finalmente, como la sustancia
incorpórea tiene el maravilloso poder de producir cohesión y de
dispersar la materia, combinarla y dividirla, exteriorizarla y separarla
y, al mismo tiempo, controlarla, por mera aplicación de sí misma, sin
ataduras ni engarces, sin otros instrumentos o proyecciones, es probable
que no pueda penetrar una vez más en sí misma, ya que no existe la
impenetrabilidad para frustrarse, expandirse nuevamente, y cosas
análogas."
Al comentar a Henry
More, el Dr. Burtt (4) continúa diciendo:
"En este párrafo, More amplía su razonamiento
partiendo de la conclusión de que existe una sustancia incorpórea en los
seres humanos, llegando a la suposición de que existe una sustancia
incorpórea similar y principal en toda la naturaleza, porque estaba
convencido de que los hechos de la ciencia mostraban que la naturaleza
no es una máquina simple, como no lo es tampoco un ser
humano."
Robert Boyle, también en
el siglo XVII, presentó la misma hipótesis, y le asignaba dos funciones al
éter: propagar el movimiento por impactos sucesivos y ser un medio por el
cual se [i63]
manifiestan fenómenos curiosos, tales como el magnetismo.
"Quienes afirman que puede existir tal sustancia en
el universo, presentarán probablemente como pruebas varios de los
fenómenos que voy a relatar, pero si hay o no en el mundo, alguna
materia que responda exactamente a la descripción que hacen de su primer
y segundo elemento, yo no lo discutiré aquí, aunque diversos
experimentos aparecen argüir que existe una sustancia etérea, muy sutil
y no muy difundida"
[e60] Volviendo nuevamente a los tiempos modernos, dice Sir
William Barrett (5):
"El universo se nos presenta como un conjunto de
fenómenos -físicos, vitales e intelectuales-, siendo la vitalidad
organizada el vínculo entre los mundos del intelecto y de la materia,
que ocupan todo el reino de la vida animal y vegetal, en el cual, en
modo inescrutable para nosotros, se origina el movimiento entre las
moléculas de la materia, de tal índole que, aparentemente, se ponen bajo
el control de un agente distinto del físico, lo cual reemplaza a las
leyes comunes que regulan los movimientos de la materia inanimada o, en
otras palabras, dan origen a movimientos que no serían el resultado de
la acción de esas leyes que no han sido interferidas, por lo tanto, ello
implicaría el principio mismo, el origen de la fuerza."
Las enseñanzas
orientales consideran al cuerpo vital como intermediario entre lo físico y
lo intelectual: Actúa como agente de la mente en el ser humano, y de la
Mente universal en un sistema [i64] solar, siendo interesante notar a este respecto, la triple
enumeración, "física, vital e intelectual", hecha por Sir William
Barret.
Sir Oliver Lodge (6), aunque frecuentemente criticado por su opinión sobre la
comunicación entre los vivos y los muertos, en cuestiones de ciencia pura,
es uno de los más destacados de esta época, y dice:
"¿Qué puede decirse del éter que mantiene unidos a
los átomos, éter fusionador esencial para la configuración
característica de un cuerpo, tan esencial como la materia misma?
"Comúnmente, no prestamos atención al factor éter
del cuerpo; no poseemos un órgano sensorio capaz de concebirlo, sólo
comprendemos directamente la materia: concebimos claramente la materia
sólo cuando somos niños, pero a medida que crecemos, inferimos también
la existencia del éter, por lo menos algunos de nosotros. Sabemos que un
cuerpo de forma característica o de configuración definida, no puede
existir sin las fuerzas de cohesión -por lo tanto no puede existir sin
el éter; no significando por el término éter la totalidad, sino la parte
inmaterializada, la [e61] parte que es la zona de tensión, el receptáculo de la
energía potencial, la sustancia en la cual están incrustados los átomos
de la materia. No sólo hay un cuerpo de materia, sino también un cuerpo
de éter, y ambos coexisten."
También se ocupa del
tema un artículo que apareció en The Hibbert Journal (7) y presenta algunas conclusiones interesantísimas y
subjetivas:
"La luz afecta al éter. La luz es para el éter lo
que el sonido para la materia... Sujeto a todas las leyes de [i65] tiempo y espacio,
plenamente sometido a las leyes de la energía, fuente en gran parte de
la energía terrenal, rigiendo todas las manifestaciones de las fuerzas
físicas, subyaciendo en la raíz de la elasticidad, de la tenacidad y de
todas las demás propiedades estáticas de la materia, el éter recién
comienza a ocupar el puesto que le corresponde en el esquema de la
física...
"Las cargas eléctricas compuestas de éter
modificado, probablemente sean el material cósmico para la
construcción... Existe una gran masa de éter no diferenciado, entidad
que llena el espacio, donde existe todo lo material. Tenemos en el plan
de la física una dualidad: la materia y el éter.
"Toda la energía cinética pertenece a lo que
llamamos materia, sea en forma atómica o corpuscular; el movimiento o
locomoción es su característica. Toda energía estática pertenece al
éter, al éter inmodificado y universal. Sus características son la
tensión y la fuerza. La energía siempre pasa de un extremo a otro,
alternativamente (del éter a la materia o viceversa), y en este
recorrido se realiza todo el trabajo.
"Probablemente todo objeto sensible posee una
contraparte material y otra etérica. Sólo somos sensiblemente
conscientes de un aspecto, teniendo que inferir el otro. Pero la
dificultad de percibir este otro aspecto -la necesidad de la inferencia
indirecta- depende esencial y totalmente, de la naturaleza de nuestros
órganos sensorios, que revelan la materia y no el éter. Sin embargo, una
es tan real y sustancial como la otra, y su fundamental cualidad
conjunta es la coexistencia y la interacción. No la interacción en todas
partes y en todo momento, pues existen muchas zonas sin materia, aunque
no hay zonas sin éter; pero la potencialidad de la interacción y, con
frecuencia, su conspicua realidad, [e62] prevalece en todas
partes y constituye la totalidad de nuestra experiencia puramente
mundana."
[i66] En una nota suplementaria del artículo, dice:
"El éter pertenece a la estructura física de las
cosas. Nadie supone que sea una entidad síquica, pero probablemente
sirve para fines síquicos, de igual modo que la materia. Los profesores
Tait y Balfourt Stewart conjeturaban una significación síquica en el
éter del espacio, ya en 1875, considerándolo desde un punto de vista
religioso en ese tan discutido libro The Unseen Universe. El gran físico
matemático J. Clerk MaxweIl terminaba su artículo "El Éter", en la
novena edición de la Enciclopedia Británica, con una manifestación de
fe, no sobre esta especulación, de la cual evidenció gran cautela, sino
en la existencia real de un medio universal vinculador, supersensorio,
universal, suponiendo que desempeña muchas funciones
insospechadas."
El Dr. Charles E. de M.
Sanjous (8), profesor de Endocrinología de la
Universidad de Pensilvania, afirma su creencia en este medio universal, en
los siguientes términos:
"Es evidente que la necesidad de una inteligencia
primaria y un medio coordinador y creador, tal como el éter, se afirme
en todas partes...
"El éter, tal como lo interpretan los científicos,
reúne todas estas condiciones, y es el único medio conocido por la
ciencia capaz de hacerlo. Es invisible, compenetra toda la materia,
impregna ilimitadamente el universo por el movimiento ondulatorio. No
ofrece prácticamente resistencia a la energía radiante, ni aún a la luz
del sol y de las más distantes estrellas. Es el medio que trasmite las
ondas de radio, de la telegrafía sin hilos, los rayos Becquerel, los
rayos X o Roentgen, etc. ...
[i67] "El éter está dotado de poder creador en el espacio y en la
tierra... El éter del espacio construye por lo tanto sistemas solares como
también materia, en forma coordinada e inteligente, y dota a todos los
elementos químicos, a los que ha dado forma, con las propiedades que, como
se sabe, poseen..."
El Dr. C. E. M. Joad (9)
de la Universidad de Oxford, describe la actividad de esta fuerza vital,
la vivencia que anima a la [e63] materia, y muestra la relación entre la vida y la forma. En
realidad se acerca a la teoría oriental de la contraparte etérica y de la
energía que funciona a través de ella.
"La fuerza vital. Supongamos que en el principio, el
Universo fue puramente material, caótico, mortífero y vacuo, sin energía
ni propósito y carente de toda vida. En este universo inorgánico, se
introdujo en determinada etapa y proveniente de alguna fuente
inexplicable, un principio de vida, y por vida quiero significar algo
que no puede expresarse en términos de materia. Al principio, ciego y
vacilante, un impulso o latido puramente instintivo, tratando de
expresarse, luchando para lograr un grado cada vez más elevado de
conciencia. Quizás concibamos que el ultérrimo propósito de la fuerza
vital sea el logro de la total y universal conciencia, resultado que
sólo puede obtenerse por la impregnación de vida y energía en todo el
universo, de modo que, empezando como el mundo de la 'materia', pueda
terminar como el mundo de la 'mente' o 'espíritu'. Con tal finalidad
actúa dentro de la materia y a través de ella, infundiendo y
compenetrando la materia con su propio principio de energía y de vida. A
la materia así compenetrada se la denomina organismo viviente. Los
organismos vivientes tienen que ser [i68] considerados a la luz
de las herramientas o armas creadas por la fuerza vital, para ayudarse a
lograr su propósito. Análogamente al universo mismo, cada organismo
viviente está formado de un substrato de materia animado por la vida,
así como un trozo de alambre puede ser cargado con una corriente
eléctrica. Es una corriente vital que ha sido aislada en una porción de
materia.
"La fuerza vital está lejos de ser todopoderosa.
Está limitada por la materia que trata de dominar; sus métodos son
experimentales, y varían de acuerdo a la etapa de evolución alcanzada
por aquellos para los cuales se creó el organismo. Distintos tipos de
seres cumplen mejor su propósito en diferentes etapas."
Will Durant (10), que es sin duda el autor más popular y más leído en
cuestiones filosóficas, dice:
"Cuanto más estudiamos la materia, menos la vemos
como fundamental, y más la percibimos como una mera exteriorización de
energía, pues nuestra carne es el signo externo de la vida y de la
mente... En el corazón de la materia, dándole forma y poder, [e64] hay algo que no es
material, poseído de su propia espontaneidad y vida; y esta vitalidad
sutil, oculta y, sin embargo, siempre revelada, es la esencia final de
todo lo que conocemos... La vida es lo primero y lo interno; la materia
coexiste con ella en el tiempo, y es inextricable en el espacio;
secundaria a ella en esencia, lógica y significación; la materia es la
forma y la visibilidad de la vida...
"La vida no es una función de la forma; la forma es
un producto de la vida. El peso y la solidez de la materia son el
resultado y expresión de la energía intraatómica; cada músculo o nervio
del cuerpo es el instrumento modelado por el deseo."
[i69] Estos libros y estos hombres de ciencia demuestran que la
doctrina oriental, de que existe un cuerpo etérico, como medio de fuerza
vital, de energía y de vida, no es el vago sueño de gentes de tendencia
mística, sino que es considerado como una realidad de la naturaleza, por
muchos investigadores occidentales, de mentalidad práctica.
Resumiendo nuestras
ideas, podemos formularlas como:
Detrás del cuerpo
objetivo existe una forma subjetiva constituida de materia etérica, que
actúa como conductora del principio vida de la energía o prana. Este
principio vida es el aspecto fuerza del alma, y por intermedio del cuerpo
etérico, el alma anima a la forma, le da sus peculiares cualidades y
atributos, plasma sobre ella sus deseos y, eventualmente, la dirige, a
través de la actividad de la mente. Por intermedio del cerebro, el alma
energetiza al cuerpo para que entre en actividad consciente y, valiéndose
del corazón, todas las partes del cuerpo son compenetradas por la
vida.
Esta teoría tiene
estrecha analogía con la teoría animista occidental, y la definiremos más
adelante. El término animismo ha bastado hasta ahora, pero probablemente
sea sustituido por el de "dinamismo", debido al desarrollo que tiene lugar
dentro de la conciencia humana. Por ser el hombre ahora una entidad
plenamente consciente de sí mismo, y por estar la personalidad integrada y
actuante, ha llegado el momento en que él puede demostrar, por vez
primera, que existe un propósito consciente y una voluntad rectora.
[e65] Los tres estados de la naturaleza del hombre, a que nos
referimos [i70]
anteriormente en este capítulo -el físico, el sensorio y el mental- forman
una entidad coordinada también por primera vez en la historia de la raza.
El yo rector puede por lo tanto regir y, por medio de la mente, actuar
sobre el cuerpo etérico o vital y, teniendo su punto de contacto en el
cerebro, impeler a su instrumento a una expresión totalmente controlada y
a la consiguiente actividad creadora. Así surgirá lo que llama Hermann
Keyserling (11) el "Ser más profundo", cuando dice
que:
"La posibilidad de desarrollar el ser más profundo y
cómo hacerlo, es el siguiente interrogante. Al hablar del ser de un
hombre en contraposición a sus facultades, significa su alma vital, y al
decir que ese ser decide, indica que todas sus impresiones están
impregnadas de vida individual; que toda expresión irradia de la
personalidad y que esta personalidad es finalmente la responsable. Ahora
bien, tal penetración puede lograrse donde ella no existe, siendo esto
posible, en virtud de que el hombre, que posee una mente y un alma,
representa un sentido de conexión, en el cual su conciencia actúa
libremente. Es libre de destacar lo que quiere; de acuerdo al lugar
acentuado, el organismo síquico cambia su centro, obteniéndose realmente
un nuevo centro del Ser. Por lo tanto si la investigación teórica
demuestra que según el enfoque de la conciencia, el centro del hombre
radica en su Ser o en la superficie, es prácticamente posible provocar
el necesario proceso de cambio. De allí que en principio, todos pueden
lograr elevar su Ser, para lo cual sólo se necesita acentuar
persistentemente su Ser esencial, procurando constantemente expresar
sólo lo que está realmente de acuerdo con su Ser interno. Esta tarea es
seguramente [i71]
difícil. Su solución no sólo es un proceso muy lento, sino que necesita
una técnica especial de adiestramiento."
Cuando las psicologías
oriental y occidental se fusionen, y se estudie y comprenda la relación
entre las glándulas y el cuerpo vital, con sus centros de fuerza, creo que
se acentuará grandemente la posibilidad de que el hombre actúe como un
alma, como una síntesis del mecanismo, de la vida, del propósito y de la
voluntad.
[e66] Wm. Hocking (12) llega a la conclusión
siguiente:
"Parecen existir motivos para esperar un mejor
futuro físico para la raza, con la ayuda de una sana higiene mental;
después de terminar con la era de los charlatanes y en cierta medida con
su ayuda, se presentará la posibilidad de ampliar constantemente el
autodominio, a medida que el sentido espiritual de tal disciplina, como
la yoga, se una a los sobrios elementos de la psicología occidental y a
un sano sistema de ética. Ninguna de estas cosas es de valor sin las
otras."
Dos puntos merecen ser
discutidos, antes de pasar a una exposición detallada de la enseñanza
oriental, referente a los centros de fuerza. Uno es la consideración de la
naturaleza del alma, el otro la tentativa de considerar el testimonio de
los siglos, respecto a la probable ubicación de la conciencia del
alma.
Notas:
1. Metaphysical Foundations of Modern Physical
Science, pág. 275 de Edwin Arthur Burtt. 2. 13ª. Edition, 1926.
Article: Ether. 3. Metaphysical Foundations of Modern Physical Science,
págs. 131, 132. 4. Ídem. págs. 131, 132. 5. On the Threshold of the
Unseen, pág. 274 6. Ether and Reality, págs. 161, 162. 7. Ether,
Matter and the Soul, enero 1919, Sir Oliver Lodge. 8. Strength of
Religion as Shown By Science, págs. 152, 153. 9. Mind and Matter, págs.
178, 179. 10. Mansions of Philosophy, págs. 66, 67, 80, 81. 11.
Creative Understanding, págs. 180, 181. 12. Self, Its Body and Freedom,
pág. 75
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